sábado, 27 de febrero de 2010
Blog en obras
Saludos a todos los melómanos y cinéfilos.
lunes, 8 de diciembre de 2008
¿Película o exposición pictórica?

Si tengo que valorar un motivo por el cual Kubrick es uno de mis directores favoritos, es que poco se preocupó por el impacto que cada una de sus películas iba a causar en el público mayoritario. Kubrick fue un esteta, como creador y como consumidor de arte, y esto es notorio en su enfoque cinematográfico. Los tiempos en los que un film se impregnaba de labor artesanal y manifestaciones estéticas casi se han extinguido. Barry Lyndon constituye un documento que bien pudiera ilustrar esos tiempos, en los que los realizadores se encontraban tan ligados al siglo XX como al XIX, en los que las nuevas generaciones de realizadores surgidas entre los años 60 y 70 se veían en el trance de dejar huella histórica, una huella vanguardista, fresca, renovada, a partir de toda la cultura absorbida del pasado, desde el más próximo (todo el cine producido y estudiado hasta sus respectivos primeros films) hasta ese otro pasado que imaginamos regado de grandes pilares con nombres principalmente germánicos. Esta generación encuentra un inmenso representante en la figura de Kubrick, quien parece querer rubricar en Barry Lyndon una cúspide de perfección técnica aún más arriesgada incluso que en sus antecesoras, 2001 y La Naranja Mecánica, por cuanto en esta ocasión se sirve exlusivamente de luz natural, y el encuadre de cada plano está escogido con sumo cuidado.
Con todo, estas prioridades visuales contaminan el resto de los componentes del film, tales como las interpretaciones, que oscilan entre lo poco destacable y lo mediocre, o el ritmo, artificiosamente lento. Kubrick parece querer hacer una película con cuadros de época, de modo que sus personajes y entresijos terminan por volverse tan estáticos como los de un lienzo del siglo XVIII. En otras palabras, relata una historia situada en cierto lugar histórico bajo el prisma de irrealidad con que envestimos en nuestra imaginación a aquellos antepasados cuyo arte plástico nunca ilustraría con fidelidad su verdadero carácter, mucho menos sus ademanes y expresiones cotidianas.
sábado, 22 de marzo de 2008
Nuevos descubrimientos III - Laurent Korcia
Conocí el nombre de Laurent Korcia en el disco que dedica íntegramente a parte de la obra violinística de Bela Bartók, publicado en el sello naïve. Mi amigo J., buen conocedor de la discografía del húngaro, afirmó que el disquito contenía el mejor 2º concierto para violín que había escuchado hasta la fecha, y que superaba a su gusto el de Shaham con Boulez, que siempre tuvo como el más logrado. No había hecho yo mucho caso a este concierto. Las pocas y mediocres grabaciones que tengo no me lo han hecho muy atractivo: Menuhin, cuya fama siempre me pareció injustificada (y más aún cuando escucho su Bartók), pero que puedo llegar a comprender si pienso en el Menuhin humanista en sacrificio del Menuhin músico; Chung, con Solti a la batuta, en una versión más que presdindible. Esta nueva recomendación parecía una invitación a conocer por fin la obra como gusto explorar sobre todo las obras desconocidas, bajo una calidad sonora e interpretativa de primer orden. Eché un ojo al resto del repertorio. Por ahí figuraba la portentosa Sonata para violín solo, también la inquietante y oscura primera Sonata para violín y piano. Convencido; al coleto. Hoy por hoy no sólo puedo afirmar que esta grabación es uno de los mayores logros de la música violinística grabada que ha caído en mi discoteca, sino que además consiguió engancharme al hasta ahora mal conocido 2º concierto para violín. Gran sonata para violín solo registra Korcia, aunque sigo prefiriendo la de Pauk en naxos (incluso teniendo en cuenta la deficiente calidad en las grabaciones de este sello). Excelente primera Sonata para violín y piano, aunque sigo inclinándome por la misteriosamente poco conocida de Blacher y Canino en Arte Nova (la falta de status de estos sellos suele ser directamente proporcional a la difusión de sus grabaciones y sus músicos). Fantástica versión de los Contrastes para violín, clarinete y piano.
Unos meses más tarde, y olfateando por la red me topé con la carátula de otro disco del sello naïve en el que Korcia figuraba en portada. Eché un ojo a la contraportada, y cuál fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de un recital en el que Grappelli, Debussy, Ravel, Bartók o Legrand compartían créditos ¿Korcia tocando Minor swing de Grappelli? Suelo ser bastante escéptico cuando se trata de escuchar un músico de formación clásica visitando la música jazz. Menuhin, en sus escarceos con Grappelli, salió del paso, aunque éste último, en el contexto en que se encontraron (Gershwin, Porter, Rodgers & Hurt, etc), no podía evitar eclipsarle. Baremboim registró unos discos correctos, pero muy alejados de expresividad jazzística. Acaso Friedrich Gulda, y no gratuítamente, dado el tiempo que entregó al jazz entre sus grabaciones y conciertos de Mozart o Beethoven, quizás él sea quien mejor haya comprendido la música jazz. Y ahora descubro, supongo que hemos evolucionado y todo está un poco más al alcance de todos, que Korcia aplica ese nervio del que deja huella en las obras de Bartók a unas ejecuciones e improvisaciones jazzísticas magníficas.En este medio camino entre dos mundos que tanto cuesta alcanzar a muchos músicos se puede incluir sin miedo ese Bues de Maurice Ravel, segundo movimiento de su Sonata para violín y piano, que en virtud de lo dicho le va como anillo al dedo al violinista francés. Unas estupendas lecturas así mismo de la Sonata para violín de Debussy o de las cuatro piezas seleccionadas de los 44 dúos para dos violines de Bartók. A destacar también la pieza de Michel Portal (a quien conocemos por su fama como brillante clarinetista, a quien desconocía en aquí su faceta de compositor y bandoneonista), un bonito y melancólico tema titulado Minor waltz. El disco lo completan con buen sentido combinatorio piezas de Legrand, Wieniawski, Klein, Reinhardt-Grappelli, Massenet, Denza, y una del mismo Korcia.
Signos de puntuación I - Robin Trower/James Dewar: "Sweet wine of love" (1977)
| Sweet wine of love Let's throw a party, let's invite everybody Let's drop some glasses on the floor Turn up the noise, have some fun with the neighbours Let's have them bangin' on the doors We're havin' a party, everyone is invited Welcome to our wedding night Ring up some friends and ask them all over Let's do this whole thing up right Then we'll turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of life ever glow Turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of love overflow Yes and down in the streets where they're wheelin' and dealin' The corner crowd'll see the light And they'll smile at the window, oh they know how we're feelin' Welcome to our wedding tonight Yes we'll turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of life ever glow Turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of love overflow And we'll turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of life ever glow Turn out the lights when they've all said goodnight Let the sweet wine of love overflow Let the sweet wine of love overflow | Dulce vino de amor Hagamos una fiesta, invitemos a todo el mundo. Tiremos algunos vasos por el suelo, Sube el volumen, pasa un rato divertido con los vecinos. Estamos de fiesta, todo el mundo está invitado Bienvenido a nuestra noche de bodas Llama a tus amigos y pregúntales a todos Hagamos todo esto lo mejor posible. Entoces apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido Dejaremos que el dulce vino de la vida brille para siempre. Apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido Dejaremos que el dulce vino de amor rebose. Sí, y abajo en las calles La multitud del rincón verá la luz Y sonreirán hacia la ventana, Oh, ellos saben cómo nos estamos sintiendo. Bienvenido a nuestra noche de bodas. Sí, apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido. Dejaremos que el dulce vino de la vida brille para siempre. Apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido Dejaremos que el dulce vino de amor rebose. Y apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido Dejaremos que el dulce vino de la vida brille para siempre. Apagaremos las luces Cuando todos se hayan despedido Dejaremos que el dulce vino de amor rebose. Dejaremos que el dulce vino de amor rebose. |
miércoles, 19 de marzo de 2008
Nuevos descubrimientos I - Mina
al Concerto for group and orchestra de Deep Purple y a Jethro Tull). Al menos desconozco la música italiana que me haga tenerla en consideración. Es decir, desconozco la música italiana; porque a buen seguro ese país mediterráneo tan cercano al carácter ibérico, abriga nombres que merecen una contemplación detenida, y que aún el destino no me ha dado a conocer, por la falta de azares de esos que no se pueden forzar. Seguramente el nombre de Mina atravesó mis oídos y mis ojos en varias ocasiones, y también que con la misma facilidad abandonó mi selectiva memoria, si es que logró permanecer por algún tiempo. Por este motivo, cuando mi amiga S. me preguntó que qué me parecía, que si había escuchado esto y aquello, no supe qué responder más que me sonaba remotamente el nombre. S. me mostró un tema, no recuerdo cual. Charlamos. En segundo plano se fueron sucediendo otras canciones, esta vez en inglés. Lo que sonaba no distaba del clásico jazz americano con vocalista femenina de los 50´s y 60´s. Curioseé la contraportada del CD. Fue una grata sorpresa encontrar algunos títulos conocidos, entre los que destacaron Stella by starlight y La barca. Le pedí prestado el disquito. Ya en casa lo rumié a gusto. Otra vez el azar decidió que seleccionasemartes, 18 de marzo de 2008
Nuevos descubrimientos - Prefacio
Esos primeros capítulos de conquista, allá en la adolescencia o más tarde, cuando nuestro interés por determinados artistas empieza a demandar una clasificación y un archivo mental urgente, cada nuevo hallazgo brilla con luz vívida, con voz sonora y propia. Así, los primeros mundos a los que arribé y examiné tenían más poder y autonomía que sus sucesores, por cuanto hasta el momento conformaban la única representación conocida de determinadas texturas musicales. Esos nombres quedaron en mi backup histórico como monumentos de piedra: Led Zeppelin, Pink Floyd, Camel, Kansas, Renaissance, etc. A los que luego fueron sucediendo otros muchos, de calidades variables.
Al barco de Led Zeppelin se sumaron más tarde Cactus, Budgie, Robin Trower, Tempest, Skin Alley, y otra larga lista de hacedores de ese tipo de rock con regusto añejo y con la belleza de las piedras en bruto.
A Pink Floyd, Camel, Yes, E, L & P y toda la trinca de primeras espadas del rock progresivo les sucedió también otro buen número de bandas y solistas de más anonimato.
La calidad musical dejada por esa segunda hornada en mi educación, y de más discreta apariencia en los medios no es, en el mayor de los casos, proporcional a su difusión. No hay misterio alguno en el hecho de que no necesita un producto tener cierta calidad para estar en boca de todos, ni que un producto cuidado sea sinónimo de popularidad. Toda esa multitud de bandas extraordinarias que hoy ignoran las nuevas generaciones había sido maldecida por alguna de las semillas del mal de márketing: o bien trabajar una estética musical más introspectiva (Soft Machine, Gong, Nucleus) o no saber o no haber sido capaces de dejar su producto más allá de los libros de historia y las tertulias entre discófilos o allegados (Spooky Tooth, Todd Rundgren). El por qué un grupo tan fino como Spooky Tooth no ha logrado la repercusión de unos Rolling Stones es una incógnita que se despeja sólo vagamente cuando se tienen presentes factores extramusicales. Que bandas como It´s a beautiful day, Gracious, o Atomic Rooster hayan quedado casi exclusivamente a merced de la contemplación friki, explica, entre otras cosas, de qué tipo de mercado estamos hablando: aunque amparado tras las banderas de la creatividad, el talento y la imaginación, el negocio musical es otra mentira más comparable a la de cualquier otra entidad capitalista de menos recato. A la progresiva degeneración de los principios de estas entidades hacedoras de dinero se suma la siempre admirable capacidad de adaptación de los nuevos clientes. Las jóvenes hornadas de bandas de rock, jazz, pop, incluso de nuevos compositores en el ámbito clásico, son cada año más infames (con muy escasas excepciones). El cliente neófito, por su parte, carece de las referencias oportunas para una comparativa eficaz y por tanto es incapaz de ponderar la degradación. Si únicamente se juzga lo nuevo, si lo nuevo conforma todo escaparate sometido a evaluación, entoces sólo nos queda aceptarlo con ignorada resignación; Careceremos, no obstante, de un ojo crítico completo, bien informado, de una relación entre informaciones de varias fuentes y tiempos.
La música comparte esta enfermedad con la literatura, el cine, la pintura.
Puede suponerse erróneamente que ésta circunstancia atañe exclusivamente a la música popular (y dentro de popular incluyo el jazz o el flamenco entre otras). La llamada música clásica, que en nuestros días recoge muy variadas plantillas instrumentales, combinaciones tímbricas y rítmicas, y concepciones intelectuales de lo más varipintas, esa música clásica de hoy que hace tiempo debió mudar su nombre si no fuese porque le añadimos la extensión de contemporánea (aunque la expresión resultante pudiera ser antitética en sí misma), esa música sólo es un poco menos sensible a los cánceres comerciales y sociales que aquellas otras. Año tras año, y alimentada por autocomplacencias de diversa índole, produce centenares de obras que no han sido otra cosa que el producto de un simulacro de expresión personal guiado y limitado por las modas del momento, es decir, el producto de una expresión impersonal. El joven compositor, cuyo único afán es ser recordado entre los que dejaron huella en la evolución musical, se ve tácitamente impelido e incluso obligado a rechazar como principio la tonalidad, las formas musicales clásicas; el ámbito cultural que le rodea le empuja a utilizar cuantos recursos novedosos encuentre a su camino, incluso a tratar de inventar nuevas técnicas si quiere ser aceptado dentro de la selecta comunidad que representa la vanguardia y el modernismo del momento. Estas urgencias empujan, generación tras generación, a la creación de toneladas de extravagancias sonoras, juegos anodinos y demostraciones vacuas que dejan al creador en la triste posición del que, en realidad y finalmente no expresó su yo interior a través de los sonidos, sino que se limitó a intermediar entre una moda absurda y el público.
La tan cacareada libertad expresiva contemporánea es tan inquisidora como aquellos arcanos inatajables que recogían los libros de armonía o contrapunto pretéritos, tan destructiva y contaminante como cualquier otra censura. Con la diferencia de que la vanguardia contemporánea posee una coartada infalible, la misma coartada de que se puede ver valerse a otras muchas comunidades en otras áreas artísticas. Más o menos, el panfleto viene a ser: "La expresión en arte es libre. Las formas clásicas no son necesarias. Sólo cuenta lo que nuestro interior quiera decir. Los límites impuestos por unas reglas oprimen nuestro potencial de abstracción", etc, etc. Añadiría incluso que el 90% de los mediocres que dicen ser artistas no podrían ampararse en esta idea sino con palabras y conceptos más vulgares. Como bandera es perfecta. Los límites de simplicidad no existen, tampoco los de los recursos a utilizar. Aunque esto es discutible o relativo desde varios puntos de vista, nos vemos obligados a darlo por válido como idea de trazo grueso. No es que no esté de acuerdo con ella, lo que denuncio es su abuso, o su uso para enmascarar la carestía de lenguaje interior, la pobreza de un yo expresivo.
Hace siglo y medio el valor de un artista se veía reflejado en su propia obra; había una relación directa indiscutible entre la calidad de una obra y su creador. Este principio, que parece una obviedad de exposición innecesaria, yace hoy en lugares dormidos y recónditos del sistema mediático-artístico imperante. El márketing industrial y también el márketing doméstico, tienen el poder de tomar cualquier producto






